Feria del Libro en el día del idioma.
Voy sola, recorro los lugares. Los corredores, los pabellones. Busco un libro de Inés “sé que voy a morirme”. ¿Y sabés cómo me dice el librero? Sí lo tengo, ah! Eso es hermoso!
Luego compro un libro para Carlos. Llamo varias veces a Carlos.
Compro Multitud, de Michael Hardt. Compro las partículas elementales… Posibilidad de una isla…
Voy sola, miro libros, abro páginas ilustradas que son mi mayor deleite.
Un pabellón del Taller Arte Dos Gráfica… gran placer visual. Otra vez el alma inflada, como me ocurre tantas veces al día… con las sorpresas permanentes que experimento.
En la noche llamo a A y me dice que haberme conocido es de las cosas más maravillosas que le han ocurrido. A mi también me ocurre con vos, le digo.
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“Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué angustia, te sentí previa a cualquier organización mental, al primer juicio de negación. Como un color gris que fuera un dolor y fuera el estómago. Y casi a la par (pero después, esta vez no me engañás) se abrió paso el repertorio intelligible, con una primera idea explicatoria: - y ahora vivir otro día, etc. – De donde se sigue estoy angustiado porque… etc. “ (sacado de un texto de j.c.)
Porque nada, nada pasa. Ven felicidad. Estoy en una nueva ciudad que me da la bienvenida todos los días. Conozco gente agradable cada minuto, el trabajo me quiere y mi casa me abraza en este climita frio.
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Primera noche sola.
Cortázar me acompaña. Todos me acompañan. Rayuela me acompaña. ¿Sabés querido diario que Rayuela es uno de mis libros favoritos? Tengo una edición especial en la mesa del comedor. Me gustan los libros preferidos en la mesita del comedor. Porque son banquetes… ¿dónde más pueden estar?
“Antes de volver a dormirme imagine (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que depronto falta o se queda fijo o cambia de forma”. (s. de un libro de j.c.)
Un maravilloso azar me espera cada nuevo día. Un sol que falta o un alluvia que llega. Un día que cambia de forma con el pasar de las horas. Por eso me acuesto feliz, porque cuanlquier cosa me espera. Porque estás allá, día siguiente, “al otro lado… a donde no puedo dar el salto…”
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Nos levantamos a las nueve de la mañana. Cata y Gabriel habían dormido en mi casa mi noche primera. Abrí los ojos y pensé en el DE-SA-YU-NO. Todos teníamos algo diferente para hacer, no había tiempo qué perder. Cata dijo que el baño se había dañado. Gabriel dijo que estaba muy difícil. El día había comenzado raro. Luego expliqué a Gab cómo cerrar y abrir la puerta de la casa. Cata estaba adentro y la llave no quiso salir más. Desde afuera gritábamos. Cata respondía. No era posible, no era posible. La mañana avanzaba y teníamos todos algo diferente para hacer, no había tiempo qué perder. Cata desarmó la chapa desde el interior y pudimos entrar de nuevo. Paso siguiente: llamar al cerrajero. Cata y Gab se fueron y el día debía continuar con un orificio grande y redondo en la puerta. El señor llegó y la vida aparentemente continuaba, ahora sí en total armonía. Pero el día estaba raro.
Después fue un evento con una cobija, ése sí de menor importancia.
En la noche me fui al teatro de nuevo. Era danza japonesa esta vez, altamente recomendada por A. En la fila para entrar al Teatro Colsubsidio, vi a una vieja amiga en el carro de la fila paralela. Mi emoción era grande y nos saludábamos de carro a carro con alegría. Como la fila era lenta y no había tiempo que perder y en la kapital la gente conduce de manera extraña (aprendés, debés aprender), avancé mientras saludaba a mi amiga. ¡Oh Dios! ¡Una chica pasaba por el frente de mi carro y la atropellé!. El día estaba raro… esperaba con ansias la noche. Ya en el teatro le hablé a la muchacha quien se encontraba bien y nada le dolía.
Vimos la danza, espectáculo bellísimo, venias finales sublimes. Una danza de cinco bailarines en un escenario que no podría describir porque le restaría hermosura. Salís con el alma inflado, 0.2 gramos de aire para respirar.
Bajé al sótano a recoger el carro. Ibamos Gabriel y yo… y tuve la leve sospecha de un evento más en este día de extraños acontecimientos… perdí el tiquete. Lo perdí. “Gab, perdí el tiquete”. Raro, rarísimo, rariforme este día eterno. Gab subió corriendo y como si el cielo hubiera decidido arreglarlo todo… encontró el tiquete. Salimos y bueno… ya estaba cerca el día siguiente. Hasta mañana. Se acabó.
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Después de cargar y descargar y colgar cuadros y mover sillas y organizar y limpiar y desempacar… llegó la tarde. Con la tarde llegó la noche y con ella el teatro. ¡Qué Buena obra la que vimos! Una exquisita mezcla de arte, instalación, multimedia, buenos buenísimos textos y un montaje elegante e inteligente. Esta es la vida en la kapital, pensé.
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Los 13 se han convertido en días de movimiento. Me fui a vivir sola un trece de agosto. Hoy es 13 y me he mudado otra vez. Pero ahora vivo sola en la kapital. Está lindo el espacio, quedate diario, quedate aquí que lo vamos a poner bonito y te vas a entretener.
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Yo, contadora de historias… reconocida entre mis amigos por recolectora de historias y “compartidora” si acaso así puede llamarse esta profesión… recibí hoy un regalo hermoso.
A y A son mis amigos del corazón. De esos tesoros que encuentras en el camino un día y sabés que son para vos y sabés que son para siempre. Que les pertenecés también. Hoy en la tarde A dijo que tenía que contarme una historia que me iba a encantar. Y encantada me dejaste A, encantada me dejaste vida. A y A se conocen hace dos años y hace dos años que se aman. A conoció a A en una cena con vinos y saludos y miradas. Yo estaba de viaje y A me escribió para contarme que había conocido a A. Cuando regresé reconocí a A en los ojos de A y supe que el amor había llegado a ellos. En fin, Estando juntos hoy en la tarde… íbamos en carro para una obra de teatro de Eslovenia que nos había recomendado Carlos. A comenzó la historia que me iba a encantar. “Imaginate que cuando yo tenía 18 años, estaba con el G en una tienda de discos en Envigado (tienda especializada en música, sitio frecuentado por A), y un señor muy amable comenzó a conversarme. Yo le recomendé unos discos y luego me fui con G. A la salida, vimos que al señor se le había caido la billetera del techo del carro cuando arrancó. Yo salí corriendo a entregársela y la historia había terminado. Pero no, dos días más tarde recibí una llamada en casa, era el señor de los discos y la billetera invitándome a almorzar… yo, asombrado por el hecho y realmente asustado, dije que no podía y el señor ante mi negativa nunca más volvió a aparecer. Hace un mes, compartiendo cuentos con A, le conté la historia del primer acoso sexual que había tenido en la vida… que había sido víctima a mis escasos 18 años. Olvidé contarte que en la tienda de Juan Vásquez me dijeron en ese entonces que el señor se había devuelto para pedir mi teléfono y que ellos se lo habían dado inocentemente. Bueno, cuando conté la historia a A, él la recibió pasivo”.
Yo no sabía para dónde iba toda esta narración pero escuchaba atenta.
Luego A me dijo que ahora venía su version.
“Imagínate July que como una semana después de que A me contara esto iba yo en el carro y de repente tuve un flash… fue tal el asombro que tuve que detener el carro y sentarme a reposar. Recordé que hace unos 15 años fui a una tienda de discos que frecuentaba mucho y no sabía qué comprar. Un muchacho hermoso comenzó a conversarme y me recomendó dos discos. Al salir del lugar, encendí el carro y arranqué y ví cómo el mismo chico me perseguía para devolverme mi billetera. Yo estaba tan fascinado que entré de nuevo a la tienda y pedí el número de A, así me dijeron que se llamaba. Dos días más tarde llamé a A para invitarlo a almorzar y ante su negativa nunca más volví a llamarlo”.
A aún conserva los discos que algún día A le recomendó.
¡Y yo conozco a esta pareja! Por eso sigo creyendo en la vida y en los amigos y en los conocidos y en los amores de otros tiempos… y en esos espacios que Cortázar sabe que están ahí, aunque todos no los vean…
“Es un poco así:
Hay líneas de aire a los lados de tu cabeza, de tu Mirada, zonas de detención de tus ojos, tu olfato, tu gusto. Es decir que andás con tu límite por fuera y más allá de ese límite no podés llegar cuando creés que has aprehendido plenamente cualquier cosa, la cosa lo mismo que un iceberg…”
Porque sí hay aire, aire que algunas veces creo que sólo yo veo. Pero A los ve también. Y A los ve también. Y pore so nos encontramos en el camino…
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Y el invierno continua en todo el país. Lloverá hasta Junio, dice la radio.
“Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando sobre el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, y va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y depronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas, Adios”.
servido por julianar
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